domingo, 31 de julio de 2011

Noticias del imperio audiovisual...porque cuando despertamos a la tecnología, los dinosaurios estaban allí. (Lecturas de verano 1)

Leemos: "La tecnología puede proporcionarnos herramientas mucho mejores para comunicar nuestras historias. La tecnología también puede desarrollar un teatro de la mente. Llegará el día en que toda la película transcurrirá en el interior de la mente y será la experiencia más interna que cualquiera pueda desarrollar: la historia nos será explicada mientras tengamos los ojos cerrados, lo cual no impedirá que podamos verla, olerla, sentirla e interactuar con ella. Ciertamente creo que si actualmente disponemos de una tecnología, debemos usarla. Jamás dejaremos de contar historias".
Con esta cita de Steven Spielberg comienza Esteve Riambau la introducción En los límites de la realidad del libro Hollywood en la era digital.
Luego el libro desarrolla una puesta al día cargada de datos sobre el estado y la salud del cine Hollywoodense, su mutación desde Jurassik Park a Avatar en cuanto al cambio que supone lo digital y las transformaciones del negocio.
En medio de la lectura estamos y queríamos compartir sensaciones y reflexiones sueltas por si apetece el contenido.
Muchas veces hemos hablado de las posibilidades de las nuevas tecnologías miradas desde el punto de vista de su democratización. El libro también hace buena alusión a esto. Pero, sobre todo, el autor se decanta por ponernos al día de lo que ha pasado con aquella maquinaria que se gestó en los Angeles en la segunda década del siglo pasado: Hollywood, las Mayors y su Sistema de Estudios.
Esa primer frase con que abrimos el artículo no deja de ser significativa. ¿Qué está diciendo Spielberg? sabiendo que es uno de los directores más importantes de (cierta) ciencia ficción y uno de los más poderosos.
¿Que las historias se desarrollen directamente en nuestra mente, con los ojos cerrados pudiendo verse, olerse, sentirse e interactuando con ella? ¿Cerrarnos los ojos (al mundo sensible) para experimentar una película (de las suyas)?
Dice: “disponemos” de una tecnología y “debemos” usarla mientras sentencia que jamás “dejaremos” de contar historias.
Es ese “nosotros” (disponemos, debemos, jamás dejaremos) el que nos ha hecho pensar. Es posible que el casi cien por ciento de la población no se sienta representado por ese nosotros. ¿Quién se encuentra en posesión de una tecnología de tal poderío? Hablará por una minoría muy pero que muy selecta que tiene a su alcance tales medios.
Y que nos diga desde esa minoría, que “nunca dejarán de contar “sus” historias”, sumado al panorama del negocio que describe el libro, pues, nos ha hecho pensar en el futuro del cine, en su bipolaridad extrema.
El campo de posibilidades que abrió la era digital aplicada al cine, arranca, según el autor del libro, en la frontera simbólica que supuso la aparición de Jurassic Park, justamente de Spielberg, en que valiéndose de dicha tecnología mezcló criaturas fantásticas resucitadas del pasado, dinosaurios, con personajes de carne y hueso, en un juego de realidad donde una animación simula ser real sin obligación de simular la realidad, ya que los dinosaurios no son parte de nuestra vida.
No deja de ser curioso que siendo Jurassic Park una primer y ostentosa manipulación de la representación fílmica por medios digitales, la historia que cuente sea la de un parque construido por los delirios de un inversor donde el ser humano se verá perseguido y aterrado frente a un entorno habitado por gigantescos animales del pasado (virtuales, irreales) que quieren destruirlo y en el que varios personajes mueren devorados por esos seres virtuales.
No se utilizó por supuesto, tan sofisticada tecnología para hacernos pensar en un mundo (o un parque), donde no exista ni rastros del capitalismo y sus formas de vida, por ejemplo. La nueva tecnología no necesariamente arroja nuevos contenidos: la persecución, la amenaza a la clase burguesa o rica por realidades ajenas, la escapatoria en el último minuto.
Pero bueno, como el libro es muy vasto preferimos quedarnos con dos o tres sensaciones y certezas que plantea Hollywood en la era digital en el arranque :
1) El cambio tecnológico amplía las posibilidades de todas las personas pero también las de la gran industria capitalista del cine y sus obsesiones de dominio.
2) Hay un cambio de paradigma en la fabricación de la representación audiovisual desde los noventa: la combinación entre la fotografía, siempre unida a un objeto filmable de la realidad y la realidad virtual que puede modificar y fabricar cualquier representación sin necesaria referencia al mundo sensible que conocemos. Sin duda que esto significa una inmensa ampliación del poder de los productores para incidir, con sus historias, en la percepción de la masa espectadora. Este tema da para mucho.
3) La salud del sistema imperial parece incuestionable. La prolongación de su poder radica en su diversificación en productos de consumo y la adaptación del negocio a una nueva etapa.
Extendemos este punto repasando brevemente datos que cita el autor aunque ya los conocíamos.
Hasta 1914 hubo un sistema casi artesanal de producción de cine.
Desde los alrededores de 1914 el cine devino industria y se desarrollan las Mayors de Hollywood y su Sistema de Estudios cuyo dominio absoluto (producción, distribución, exhibición) fue innegable hasta aproximadamente los años 50.
Desde mediados de los sesenta Hollywood sufre una serie de transformaciones por diversas causas (cambio en los hábitos de ocio, afirmación de la televisión, entre otras)
En esos años se desmantelan las Mayors (especulación inmobiliaria con los terrenos que ocupaban los estudios, venta de catálogos de películas a las televisiones y absorción de las casas matrices por empresas multinacionales vinculadas a otros sectores (petróleo, seguros, bañadores, refrescos). Relevo de magnates en la gran industria.
Desde 1990 ocurre una nueva mutación, la tercera, que pone a la meca cinematográfica en un flujo de transacciones de capital que la llevan a la órbita de los grandes conglomerados de comunicación y entretenimiento. Nuevos conceptos: diversificación, transnacionalización de las propiedades, multiplicación de los canales de difusión, elevación astronómica de presupuestos, mercados complementarios, dispersión global de la producción.

* * *
Una película de la industria, siempre ha sido un ejercicio de negocio, solo que ahora se suman otra cantidad de usos financieros. La película es un campo imaginario, donde el film es un producto motor que hará posible otra cantidad de ejercicios de rentabilidad. Podríamos decir que se crea y se pone a circular un mundo imaginativo, una historia, unas dinámicas sociales, unos personajes, una visión del mundo. Lo que es tradicional del cine, la exhibición en salas, ya no produce más que una pequeña cantidad de beneficios.
El autor esquematiza la vida activamente rentable de una película en 10 años con prácticas intermedias en diferentes “ventanas” de consumo: arranca con estreno en salas, sigue por el consumo doméstico en DvD, visionado bajo pago, TV de pago, TV en abierto, canales generalistas. El ciclo se reactiva y multiplica con la distribución en salas de otro países donde se vuelve a reproducir su circulación por los formatos locales.
Por dejarnos claro lo que puede ser una de estas franquicias el libro cita un ejemplo: si La guerra de las galaxias fuera un país, por su recaudación derivada de su franquicia (20 billones de dólares) ocuparía el lugar número setenta en lo que a producto interior bruto se refiere.
Sin duda se trata de campo imaginario de altísima, astronómica rentabilidad.
En 2007 seis grandes compañías Buena Vista (Disney), Warner Bros, Paramount, Universal, 20th Century Fox y Sony (Columbia Pictures) acapararon el 80,9 por ciento de la cuota de mercado...

* * *
... Seguiríamos con gusto ya que la lectura es sugerente pero solo queríamos salpicar con alguna idea el blog mientras seguimos leyendo.
No cabe duda que la industria goza de buena salud. Cada vez que repasamos este tipo de datos nos asombra la manera en que se conserva la concentración de los mejores y más sofistificados medios de producción en tan pocas manos y tan reducida imaginación: apenas unas cuantas mentes que intentan determinar y diseñar gran parte del imaginario social mundial y que no son más que el reflejo de la operativa del dinero. Una imaginación que parece regirse por la misma mecánica que la del poder financiero cuando el dinero dejó de ser moneda de cambio para convertirse en un multiplicador insaciable de sí mismo.
Eso ocurre allí arriba, muy arriba, en el olimpo de la fantasía muy poco complaciente con lo lo social y sus necesidades más terrenas.
Pero el autor y otras lecturas que iremos comentando, también hablan de las hibridaciones y los cortocircuitos que la misma tecnología está haciendo desde abajo, desde la gente en posesión de sus pequeñas cámaras: aunque la distancia que separa unas de otras (las cámaras domésticas de las industriales) es enorme, las primeras han contaminado el lenguaje de las películas explotadas en circuitos comerciales.
No hay que alarmarse, sino al contrario, saber que cuando despertamos a la tecnología los dinosaurios (del cine) estaban ahí, es tan veraz como ser conscientes, como dijimos hace un tiempo atrás, que los dinosaurios desparecieron de la faz de la tierra y que, posiblemente, en el futuro, solo la nostalgia de algunos magnates volverán a traerlos a nuestro mundo por medio de operaciones ficticias de su retorcida imaginación.
Pero es que cuando los dinosaurios desaparecieron, la realidad aún estaba allí. Así que no sería difícil de imaginar que si desaparecen estos gigantescos animales del negocio con sus dinosaurios, el cine siga estando allí. Es bastante probable.

domingo, 24 de julio de 2011

El 15-M es un estado de conciencia y afectación. Las voces incontenibles de un movimiento que sigue atravesando vidas. La cámara a la plaza.

Estuvo bien este tiempo de aparente ausencia del 15-M en primera plana. Estuvo tan bien que fue solo apariencia. En mitad de este espejismo en que los medios se dedicaron a otra cosa, sentíamos el hervidero de anónimas interrupciones de deshaucios y puntuales movilizaciones. Pero también hemos presenciado el desplome de los mafiosillos de la SGAE y el desparramo de artistas exprogres corriendo desconcertados a los grititos por los pasillos diciendo “pero ¿qué ha pasao? y escribiendo por las noches manifiestitos mientras se alertaban como niñatos asustados unos a otros diciendo: “qué viene la guardia civil, joder, qué nos quitan el chollo!. En medio empiezan a aparecer averías en el imperio mediático de Murdoch, donde teníamos escondido al hitlercito español enredado en las telarañas de sus mafias. En medio una junta de accionistas del Banco Santander tiene que escuchar lecciones de ética de unos contaminados por el movimiento. En medio cae Camps luego de dos años de arrogante chulería. ¡Dos años para arrancarle a un tipo una respuesta sobre un soborno por unos putos trajes! En medio Rubalcaba se pone a tartamudear frases que escuchó en el 15-M cual penoso macaco de algún oculto ventriluoco. En medio el PP le tira con tartas de contabilidad sobre los robos que seguramente tendrían apañados sus gemelos del PSOE en sus autonomías. En medio la alcaldesa de Andonain, dicen, Ana Carrere (Bildu) propone bajarse el sueldo junto al de sus consejales consiguiendo el cabreo generalizado del resto de la clase política. De locos. En medio se editaron unos cuantos libros tratando de rentabilizar las voces del 15-M y aunque en alguno de ellos aparecen textos nuestros y de otros amigos, es un poco ridículo pensar que haya publicaciones que puedan contener “las voces” de un movimiento que es, hasta el momento, incontenible. En medio han pasado muchas cosas, sí, mientras veíamos una silenciosa y frenética actividad que sacaba humo a los sitios de internet relacionados con el 15-M.
Estuvo bien dejar pasar este tiempo y volver a fijar nuestras cámaras en la llegada de la Ruta Norte para entrar otra vez a una plaza que reventó de conversación. Y a ver quien es el guapo que contiene las voces de la plaza en su nueva colección editorial. A ver quien resume las conversaciones mantenidas durante un mes por esos caminantes anónimos y la de sus diálogos y asambleas con la gente de los pueblos. Durante el trayecto que acompañamos desde Plaza de Castilla a la Puerta del Sol una periodista y dos cámaras de TVE se volvieron locos por sacar una declaración que le permitiera hacer su reportaje. Es posible que ni lo consiguieran.
Las voces del 15-M son voces en fuga. Son el nuevo lenguaje que se ha originado en la red y que se ha instalado en los cuerpos. Mutante, corto, ingenioso, brillante, contradictorio, a golpe de click, bruto y elegante, que hace reaccionar y reacciona con igual rápidez, que cuando lo atrapas ya se fue, ya cambió de lugar y cuando lo etiquetan de “perroflautas, violentos, desorganizados”, ya ha respondido con una acción y se ha reapropiado de la etiqueta. Es un lenguaje para mentes rizomáticas, que saben entrar y salir de la conversación sin la estricta cronología de la razón y el protocolo. Está ahí pero se mueve ¡tanto! que es pura acción. Es un lenguaje que llevó a decenas de caminantes a atravesar el país y convertirse en nuevo motivo para reventar la plaza del sol como la reventara hace apenas dos meses atrás. Es una mentalidad colectiva de enjambre.
Si nuestros cálculos a puro ojo no son equivocados, la del sábado fue la más multitudinaria Asamblea General que habíamos presenciado. Porque a diferencia de muchos de los momentos de más concurrencia en las primeras semanas de la acampada Sol, cuando la plaza estaba llena era porque alternaba la asamblea con otras muchas actividades y reuniones. Pero esta vez la mayoría de los que allí estuvimos estábamos para presenciar la asamblea narrativa y la plaza estuvo otra vez desbordada.
Y esta nueva okupación del kilometro cero de Madrid nos sumergió nuevamente en lo indefinible, en el territorio de la irrealidad por exceso de realidad. El momento más loco se dio cuando un niño de, no sabemos, ¿10 o 12 años?, leyó con serenidad un rap que había compuesto y arrancó la mayor ovación, aplausos y puestas de pie de la asamblea al grito de “qué si, que si nos representa, que si”. Delirante realmente que un movimiento que nace para evidenciar los tremendos desajustes de un sistema político-financiero, aclame en la plaza central de un país, la figura de un niño leyendo su rap.
Estuvo bien este tiempo porque la normalidad que a muchos nos llevó a una menor implicación en el movimiento de forma directa, nos permite confirmar que somos parte de una corriente de dignidad que está expandiéndose paso a paso y que tarde o temprano nos obliga a posicionarnos.
Y uno puede decir, si se pone cuerdo, serio y maduro.: ya, fue muy emotivo y por eso origina estos estados de catársis colectiva. Suele pasar con cualquier acontencimiento o espectáculo masivo. Pasa con una victoria de fútbol, por ejemplo, que la gente se lanza a la calle y se abraza. Pasa en esas performances espectaculares a gran escala llamadas actos políticos de campaña. Pasa con los fans de una estrella cultural en un concierto.
Sí, se parecen. Pero, quizá, no tanto si pensamos que estamos ante un movimiento declaradamente político, que conecta emocionalmente también, con un lenguaje creativo incontenible, con manejo de los nuevas y últimas tecnologías de comunicación como herramienta, ¡sin ningún recurso económico!, con funcionamiento en red, virtual y real a la vez, de pura acción y con pensamiento y voluntad de largo plazo. Un movimiento que está atravesando personas de cualquier tipo, sean estos habitantes de un pueblo que llevan tres años pidiendo agua potable como un activista neoyorquino que viene a colaborar para diseñar un streaming con móviles de última generación. No se parece mucho a un partido de fútbol o espectáculo mediado por el poder del dinero. A ver quien es el valiente que se lleva por delante este cóctel social surgido en el siglo XXI con las carretas políticas y mediáticas del siglo XX. Estamos en los comienzos, insisten una y otra vez las voces en la asamblea.
El 15-M es un estado de conciencia y de afectación de las vidas que entran en contacto con el.
No somos tan ingenuos como para pensar que todo el los pequeños o grandes derrumbes que describimos arriba se produzca como efecto del 15-M, aunque algunas cosas locales tengan relación con el. La ruptura que provoca el movimiento consiste más bien en ofrecer una visión y un sentimiento que recodifica las lecturas de la realidad. Lo que antes leíamos como ese estado calamitoso del mundo que nos reflejan los medios y las informaciones haciéndonos masticar la rabia y la impotencia individual, lo vemos ahora desde una lógica que permite resituar y dotar de un nuevo sentido la situación sabiéndonos parte de una resistencia activa, cuando no de un ataque concreto.
Y para rematar nos dirá algún listo: claro, sí, es todo maravilloso en el movimiento, no tiene carencias, rupturas, insuficiencias, luchas de poder, perversiones, desviaciones. Es un levantamiento pacífico puro, noble e intachable. Sí, sí.
Y nosotros, que somos muy simpáticos, soltamos la carcajada y contestamos: "sí, sí, y a tí te lo vamos a decir, capullo. Eso lo hablamos en las tertulias, en las plazas, en las asambleas, en las comisiones, en las casas, en los bares, cara a cara y de cara a la acción. Si tienes algo que discutir y mejorar del movimiento, pues encuentra al vecino más cercano que se sienta parte de todo esto y vas a la asamblea de tu barrio o a algún grupo de los muchos que están funcionando y allí planteas tus mejoras".
La decisión de pertenecer o no al 15-M es un asunto individual pero te posiciona, casi te obliga a que parte de tu vida al menos deba dejarse atravesar, afectar por sus espíritu y sus propuestas.
Para apabullarnos a análisis catastróficos ya hay gente incluso de izquierda desplegando una pormenorizada genealogía tendiente a demostrar la ineficacia de esta insurrección dado la impureza de su surgimiento, los nombres implicados, las reuniones secretas en el local de no se quién, los gestos de Rubalcaba a la hora de despertar, la uña mal cortada de un tipo en una oficina bancaria que conoce a fulano que estudió economía en una universidad de EEUU. En fin, que para hundirnos a nosotros mismos ya conocemos la senda: proponer los mismos caminos transitados de siempre bajo lucidas sospechas.
Buscar un estado de dignidad no nos hace estúpidos. Mucho se ha aprendido ya. Para arrancarle a los grupos de poder político y financiero sus contradicciones y corrupciones hay que tirarse años de investigación, tribunales, presiones sociales de todo tipo y aún así nos escupen en la cara su cinismo y desfachatez diciéndonos con voz de idiota: yo no hice nada ¿eh?, el partido tampoco... ofrezcan pruebas y que un juez lo determine...porque bla bla bla bla... ¡puf, qué asco, por dios!
Así que no vamos ahora a venir nosotros a ventilar gratuitamente las contradicciones y desajustes que el movimiento tenga, para satisfacer el exigente gusto de la pureza intelectual de algunos.
¡Larga vida al 15-M que nos ha devuelto el sentido de la dignidad y ha arrojado una buena dosis de lucidez a nuestra conciencia!
"Porque no sabía que era imposible, fue y lo hizo", decía alguna pancarta...

domingo, 17 de julio de 2011

¿Hacia otro tipo de producción cultural? Pero... ¿cuándo hablaremos del Autor?



Varias y diversas tertulias de las últimas semanas nos provocan estas reflexiones.
La Autoría, el Autor, a la que nosotros contraponemos la Sinautoría, el Sinautor, a veces se hace un nudo complejo y resistente, hasta irritante diríamos, que parece taponar una de las vías de apertura a cambios profundos en la producción cultural.
Tres anotaciones previas:
1) La Autoría es una potencia de creación que es parte del ser humano, de todas las personas aunque en diferentes medidas, cualidades y aptitudes. Potencia que nos lleva a transformar o crear cosas y materiales de nuestro alrededor con sentido estético, re-creador, inventivo, fundador, provocador, para afectarnos y afectar.
2) La Autoría está determinada por la circunstancia social, política y económica en la que vivimos. Nos facilitan o nos impiden el ejercicio de nuestra potencia autoral.
3) La Autoría es ese conjunto de procedimientos y técnicas, el propio ejercicio de transformar diferentes materiales o situaciones con sentido estético, reflexivo para transdormarlo en obras. Con ellas buscamos presentar, re-presentar a los demás para afectarles y afectarnos y afectarles afectándonos.
Este conjunto de procedimientos es el ámbito propio del Autor como dispositivo, no como yo individual, o grupo de artistas, que es su forma de plasmación, sino como pura operativa social y creativa gestionada por una conciencia: la de saberse Autor.
Estos tres componentes siempre deberían estar en juego al valorar una obra, como resultado de las operativas de un Autor.
Creemos que el estado capitalista de las cosas ha fortalecido muros que ya venían dados llevándolos a la extrema expresión y fijando un paradigma social que nos dice:
No, la autoría como potencia no la tienen todas las personas, sino un solo grupo minoritario de personas.
Por tanto, la circunstancia de esa Autoría debe ser ordenada, financiada, dispuesta para que
ese tipo de Autores (tipo de operativas) ejerzan la potencia creadora en deterioro del resto de gente que deberá admitir o bien que no la tiene, o bien que no tiene derecho a ejercerla.
La narraciones, las imágenes, las voces, los sonidos, los materiales que luego vemos transfigurarse en obras (novelas, películas, poesías, músicas) ya existen como materia prima y como parte del ocurrir del mundo que genera contenidos. Las operativas autorales vendrán a condensarlas con su alquimia en obras.
Obras que deberían seguir mutando indefinidamente en manos de la Autoría universal de cualquiera.
El Autor como dispositivo realiza operaciones:
- Rápidamente crea discurso y representación ya que trabaja solo o con colegas del gremio sin involucrar a más personas de la sociedad, liberándose de la espera de largos consensos si abriera su proceso de creación a personas cualquiera.
- Con sus creaciones afecta a quienes entran en contacto con su trabajo.
- Acelera procesos imaginativos con sus obras, generando debate, forzando el pensamiento, la percepción, los afectos de las demás personas.
- Pone a circular sus narraciones, reflexiones, ficciones, representaciones, performances surgidas del mundo, de la circunstancias que le atraviesan pero trabajándolas en privado.
- Satisfecho con eso, busca recabar dinero de lo que crea estableciendo un cerco de propiedad intelectual sobre sus obras.
- Luego se anima más y establece otro cerco legal y monetario sobre el uso que se haga de lo que ha creado. Muchas veces lo quita y declara libertad de uso.
Nuestra pretensión con colocar una operativa de SinAutoría es forzarlo a un cambio en sus procedimientos. No buscamos la disolución de la autoría ni de los autores, cosa por demás imposible, sino el derribamiento de los muros que ese tipo de Autoría y ese tipo de Autores (esas operativas) suponen.
Y cuando ponemos hincapié en el caso del cine que es de lo que conocemos un poco más, a ciertos nombres (Flaherty, Medvedkin, Herbert Biberman, Vincent Carelli, Sanjinés, Pedro Costa o Peter Watkins.....) más que exaltar sus nombres, reconocemos en ellos operativas, o indicios de operativas que han tendido a fomentar la idea de que la potencia creativa de la Autoría está en las personas de toda la sociedad y no en sus minorías identificadas como Autores.
Sin Autor, es “sin” ese tipo de Autor.
Al exponer nuestra práctica, escuchamos cosas que nos hacen reflexionar cuando no nos preocupan:
- Una actitud repetida es replicarnos: eso de la Sinautoría que se han inventado está bien, pero bueno, es una práctica más.
Para, acto seguido, entonces, volverse, casi instintivamente, a una especie de rescate del Autor (operativas ya conocidas) para revalorizarlo: no está tan mal, hombre, hay muchos que han hecho cosas de puta madre. Y desde ahí se busca ver de qué manera ese mismo Autor (operativas ya conocidas) puede plantearse otros procedimientos para que su obra afecte de manera más eficaz a la sociedad. Porque en los diferentes ámbitos de conversación el tema es que las obras y los autores parecen no afectar a nadie como deberían y porque manejamos cierta sensación de que estamos en bucles de producción que no crean rupturas.
La otra acusación que se nos deja caer es que vamos contra los Autores y pretendemos invalidarlo todo.
Y a esto decimos que en parte sí y en parte no, como todo en esta vida.
En parte sí, porque creemos que sería más eficaz otra forma de Autor (otro tipo de operativas) e incluso contrarias a las que ha venido teniendo.
En parte no, porque nos parece que la forma de Autor no tiene por qué ser invalidada sino profundamente removida y profundizada.
Es común la queja sobre un estado nefasto de la producción cultural por ser unas covachas de privilegiados, por estar machacada de recortes presupuestarios, por insolidaria, por no ofrecer espacios, por ser excluyente, por no ofrecer más que lo visto, por solo plantear matices y nada más que matices.
Pero si realmente logramos hacer ese diagnóstico y buscamos salidas, ¿qué pasaría si dinamitamos esas operativas autorales?
Si las operativas conocidas de Autor fueran sustituidas, modificadas, ampliadas, reformuladas por otras, si lo removiéramos realmente, pues se movería necesariamente el edificio. Probemos por ejemplo:
- Involucrar a muchas personas en el proceso de creación de sus obras.
- Devolver a debate asambleario sus propios hallazgos, sus piezas, sus obras como materiales relativos sin cerco de propiedad intelectual que los proteja.
- Permitir que sus saberes entren en conexión con otros diferentes a la hora de producir representación y discurso.
- Trabajar con el imaginario social de otras personas y no solo con el privado, involucrando a la gente que le inspire su trabajo.
- Producir desde realidades localizadas, personas concretas, situaciones precisas y abandonar un poco el territorio de la abstracción cultural. Historizar, localizar, concretizar, temporalizar las representaciones y hacerlo con otras personas.
Digamos que el nuevo Autor podría ejercer su potencia con libertad siempre y cuando tuviera la libertad suficiente de ponerse en una función política de servicio para que otros ejerzan su autoría.
Insistimos en que no planteamos que el Autor no se sostenga de su trabajo. Ese es otro asunto problemático como el de cualquier oficio y que deberíamos abordar aparte.
Lo que debemos encontrar en la emergencia de una nueva conciencia de lo colectivo como fuerza de producción social, es a qué llamarle Autor (a qué nuevas operativas) en unas nuevas circunstancias como las que se empiezan a vislumbrar en el acontecer social.
Para cambiar radicalmente las cosas, debemos dejar de creer en ellas, en como funcionan, en como se organizan, alcanzar un profundo descrédito sobre lo que ya conocemos de ellas. A veces nos queda la impresión de que esos cambios se dicen pronto como deseo, pero luego se vuelve rápidamente a las viejas fórmulas, a ver si mejoran un poquito, a ver si no me sacan de mi sitio, a ver si no se salen de quicio.
Pero es verdad que para ser coherentes con lo que decimos, mejor será abandonar tanta tertulia que nos vuelve abstractos. No porque no valga la pena sino porque el tiempo es escaso y las rupturas deben hacerse, en la realidad, trabajando en ella, inmersos en ella... Sitio, lugares, personas, procesos, nombres, casos, situaciones, tiempos, la purita realidad muchas veces ubicada fuera del Autor y sus fantasmas, por más sofisticados y travestidos que estos sean. Ese alejado lugar donde resulta tan fácil destruir a las viejas operativas llamadas “Autor” sin que Autor alguno se entere.
Si algo nos desarmó del 15-M, es un desconcertante irracionalidad colectiva.
Mejor hacerlo que decirlo.
¡Pereza da la razón que a tanta razón obliga!
Y que de tanto pensar ¡nuestra acción se nos olvida!

domingo, 10 de julio de 2011

Plató-Mundo. A las afueras de la ciudad de Seahaven, el cine del futuro.

Muchos recordarán la película de Peter Weir, El Show de Truman, un film que muestra un monumental reality donde toda la ciudad de Seahaven es en realidad un gigantesco plató en la que la totalidad de los habitantes, menos el protagonista, Truman, única vida real, son actores y actrices en función de un guión televisivo dirigido por un productor ejecutivo llamado Cristof. La película muestra el funcionamiento de un programa de televisión emitido a todo el mundo en el que la vida de ese único protagonista real, era transmitida en directo desde su nacimiento y sin que él lo supiera.
Intentando hacer de los próximos meses, el cierre de nuestro segundo manifiesto Cine XXI, esta película se nos vino al recuerdo cuando nos pusimos a desarrollar el concepto de Plató-Mundo para un cine del futuro.
La idea de que una población entera, sus sitios y su gente, sus interrelaciones y su propia dinámica social puedan constituirse como decorados para el desarrollo de un argumento, nos resulta ahora tan propia de los delirios del capitalismo audiovisual capaz de hacer algo así, como innecesaria cuando miramos a la realidad con ojos cinematográficos. En realidad, cualquier lugar, también, puede ser Seahaven.
En otras ocasiones hemos hablado del espacio social real concebido como Plató-Vivo que en términos globales podríamos concebir como Plató-Mundo, para que cualquier persona en su localidad pueda abrirse a la posibilidad de que su entorno de vida, pueda llegar a ser un plató donde colectivamente se desarrolle una filmografía propia. A la inversa de la película de Peter Weir, no se trata ya de que un equipo de producción pueda con inversiones astronómicas fabricar todo el funcionamiento de una ciudad para los caprichos de su guión y la satisfacción de sus televidentes, sino justamente al revés: que el espacio real, una manzana, un barrio, un poblado, donde sea que que habitemos, pueda concebirse como un plató donde un equipo de realización ofrezca a sus habitantes progresivamente la posibilidad de cinematografiarse a sí mismos y sus ficciones.
El cine entonces, si es capaz de aceptar esa mutación conceptual, debería plantearse otras operativas muy distintas.
Imaginemos brevemente algunas cosas:
La pre-producción, por ejemplo, el nacimiento de una película, la valoración de su viabilidad económica y de público.
Más que un productor que con un equipo estudia las posibilidades de llevar al cine una idea contada o escrita en un guión, el arranque de una película como las que pensamos desde el Cine sin Autor, son una convocatoria a un encuentro social, una movilización de personas a los que se les propone iniciar una proceso cinematográfico. No hay película sobre la que decidir su viabilidad, sino una organización social que se pone en marcha con la intención de hacer diferentes films desde su realidad.
En lugar de esa estimación casi mercantil sobre la expectativa de público, a nosotros nos mueve una valoración en términos organizativos suprimiendo la tiranía de su rentabilidad o del reconocimiento profesional.
El vídeo digital nos permite comenzar a filmar un proceso donde el mismo borrador de película es ya la experiencia cinematográfica en sí.
El guión en abierto se transformará en un debate crítico público sobre los temas y narrativas de interés que permitirá evidenciar cinematográficamente la gestación de las ideas de la película en la propia película.
El rodaje, entonces, no será otra cosa que una celebración en cuerpo y espacio donde las personas reviven experiencias para ser filmadas o protagonizan las ficciones que ellas mismas han desarrollado. Una ocupación de los espacios privados y públicos por razones cinematográficas, creativas, de autorepresentitividad.
Los visionados de montaje se convierten en una reflexión por medios audiovisuales sobre su propio entorno, sus lugares, sus dinámicas sociales, las relaciones existentes y las imaginadas, los sonidos y las voces en las que viven inmersos, las que son capaces de producir.
La gestión de la película un acto de conciencia y responsabilidad colectiva sobre sus propias creaciones, un ejercicio de autorepresentatividad frente a espectadores remotos ante quienes se exhiban sus documentos, una documentación audiovisual de su propia historia.
Plató-Mundo. Se trata de romper los cercos imaginarios del cine. Los cercos inventados por una operativa de negocio o de profesionalidad puesta al servicio del negocio.
Plató-Mundo. Una apuesta por hacer de nuestros espacios de vida un lugar de cine y del cine un lugar habitado por la población en su conjunto.
Plató-Mundo. Una ruptura de los cercos de la imaginación que imponen los profesionales del cine a la realidad para que el cine se convierta en imaginación social.
Cualquiera sabe que un rodaje convencional crea una muralla entre el mundo de la ficción que quiere crear y el mundo que ocurre a su alrededor. Cuando un transeúnte se dispone a pasar por un sitio público donde se está rodando una película se encuentra con una prohibición que impide su paso.
A la vez que es una prohibición física, es una prohibición proveniente del imaginario productor que no quiere intrusos en la operativa que está materializando su rodaje.
Pocas han sido (las hemos nombrado en otras ocasiones) las experiencias de inclusión de personas de una población en los rodajes de los profesionales. No han ido más allá de la actuación, siempre dirigida.
Para nosotros, esos son los límites que definitivamente marcan la diferencia entre los platós, físicos o imaginarios del Viejo Cine con el cine que vendrá. La desaparición de los cercos, los muros, y las vallas que el cine ha puesto a los lugares donde rueda, los sitios que utiliza para sus propios fines.
Un día, en la ciudad-plató de Seahaven, Truman comenzó a sospechar de la autenticidad de su propio mundo. Cuando por fin pudo escapar de él, hasta los propios televidentes se alegraron de que aquel hombre real que habían visto en las pantallas de la televisión desde su nacimiento, huyera de la grandiosa mentira que el negocio audiovisual había inventado para él y para beneficio de sus productores e inversores.
Lo que no sabía Truman en ese momento, es que fuera de la mentira televisiva en la que había vivido, le esperaba la verdad de otro decorado: la compleja y fascinante realidad del Plató-Mundo. El que recién ahora deberíamos estar dispuestos a filmar con las tecnologías y la organización social del siglo XXI, un Plató al servicio de la vida y la imaginación de quienes lo habitan, lo trabajan y lo construyen cada día. Un Plató al servicio privado de nadie.

sábado, 2 de julio de 2011

De lo viejo y lo nuevo. De lo esperpéntico y lo posible. Más notas sobre el cine del siglo XXI.

Quienes asistimos a asambleas de cientos e inclusos miles de personas donde muchas de ellas se pronunciaron sobre una propuesta concreta y donde el proceso de llegar a una decisión colectiva de consenso pasa por escuchar matices o disensos durante horas, sabemos que una cantidad de personas solo necesitan métodos precisos y sobre todo tiempo, mucho tiempo para la escucha activa, como se ha dicho muchas veces, que den como resultado la participación responsable en la toma de las decisiones.
Ahora lo sabemos, los métodos de participación, la operativa, debe estar muy clara como lo han estado en las formas de operar de las asambleas que hemos vivido en el 15-M de Sol y de los barrios.
Si de pronto, en lugar de ideas o resoluciones a aprobar o debatir por una asamblea sometiéramos a debate un guión audiovisual (un borrador de película), un documento fílmico (parte de un film en proceso), o incluso una película acabada por unos profesionales sobre la realidad de esas personas presentes en la asamblea y se cumplieran las siguientes condiciones:
a) que los métodos de participación fueran los mismos que en una asamblea del 15-M aplicadas al debate sobre el film que se muestre, con operativas que permitiesen a quien quiera hacer matices y expresar disidencias sobre lo visionado, sobre lo que cuenta y lo que muestra el film, sobre el final y la trama, incluso sobre aspectos estéticos y sobre lo que se crea conveniente,
b) que los y las profesionales solo se dedicaran a apuntar esos comentarios y sugerencias para ir proponiendo consensos inclusivos de las propuestas, sin considerar propia la obra y sus beneficios intelectuales o monetarios, sin defenderse –como si de ataques a su creación se tratara– considerando su obra como simple material de uso estético para la libre mejora colectiva de la película a partir de las ideas provenientes de las personas no profesionales.
c) que luego esos profesionales se fueran a hacer los cambios sugeridos, a rodar las nuevas escenas, a incluir las sugerencias, y convocaran a un montaje abierto, al que se pueda asistir para presenciar el trabajo de montaje y a opinar allí también.
d) que esos profesionales pensaran su actividad como quien trabaja con el imaginario popular común y no sobre su imaginario autoral privado (individual o de gueto cinematográfico)
e) que esta asamblea popular repitiera los visionados públicos a medida que avanza el trabajo incluyendo las propuestas de anteriores asambleas hasta llegar a un corte final por consenso entre todas las personas allí presentes
d) que luego de acabada la película, la asamblea también decidiera la gestión de la misma ante las alternativas planteadas por los profesionales y decidieran responsablemente sobre la deriva social que esa película de todos y todas pueda tener, sus diferentes usos, su participación o no en festivales y circuitos, sus representantes artísticos no profesionales, su gestión de beneficios si los hubiera, etc,
e) que los diversos escenarios del plató donde se desarrollaran las escenas fueran los sitios, calles, casas particulares de la gente; que el vestuario de la producción fueran los propios roperos de quienes participen y que los y las protagonistas fueran los participantes mismos de esa asamblea
f) que el costo de esta producción, que no sería ni mucho más que los disparatados presupuestos de unos cuantos directores que bien conocemos, fueran financiados por fondos públicos del cine como retribución a los impuestos que la ciudadanía paga...

… Si todas estas condiciones se cumplieran, estaríamos hablando de un nuevo cine del siglo XXI, inclusivo en el ámbito social, un modelo de cine realmente participativo, surgido del imaginario social y no del ámbito minoritario profesional, de un tipo de profesionales con una opción política radical por la democratización del cine y de unas instituciones públicas que utilizarían el dinero de los y las contribuyentes para la implantación y desarrollo de plataformas de un cine que responda al imaginario común y no al de unos pocos.
Y no decimos un cine del siglo XXI como un acto de snobismo vanguardista de pacotilla, sino como una certeza surgida de la nueva realidad social que vivimos y de los años de trabajo propios. Si las películas que han de surgir de la nueva conciencia colectiva –como la que ha despertado– y de las nuevas condiciones técnicas, fueran producidas bajo los métodos de realización convencionales, (dígase corporativos, industriales o de autor), es que serían obras sencillamente el cine del siglo XX iguales a las que ya conocemos y que seguramente no dejarán de existir. Pero si nos planteamos realmente un revisión crítica de la producción conocida del cine con miras a revolucionarla o a que se revolucione, no cabe duda de que las imágenes que puedan surgir de los nuevos sentires sociales de naturaleza colectiva, deberán pasar, inevitablemente, por procesos de amplia participación, de masiva responsabilidad y de complejos procesos de debate local.
Lo radicalmente nuevo, no puede ser idéntico a lo conocido.
Y para ilustrar estos vaivenes entre lo que había y lo posible, vayan tres chistes de esta semana para ilustrarlo:
El primer chiste fue esta noticia:
"En lugar de Marilyn Monroe, Sara Montiel, y en el de Paul Newman, Antonio Banderas. Madrid, al igual que Los Ángeles, contará con un Paseo de la Fama, dedicado en este caso a las estrellas patrias. Se instalará en la acera de la cinematográfica calle de Martín de los Heros, en el barrio de Argüelles, donde lucirán los nombres de 25 figuras del cine español".

Es decir, que el cine español como estamento social productor, ha arribado con fuerza al año 1958, año en que fue creado el paseo de la fama de la ciudad de los Angeles por Oliver Weissmuller, artista contratado por la ciudad con el fin de promocionarse.
Así que si la clase cinematográfica está alcanzado en pleno 2011 simbólicos que en Hollywood se hicieron hace 53 años y esto les realiza y se sienten la hostia en bote, nos da por pensar que la dirección de este clan parece ir hacia atrás en lugar de hacia el futuro. Es decir que en esa alocada y glamourosa carrera que lleva esta gente que conduce el cine, sería de esperar que por fin dentro de unos cuantos años estén arribando a los alrededores de 1911 cuando se funda la Nestor Film Company, el primer estudio cinematográfico en Hollywood y cuando las compañías de éxito encabezadas por la Famous Players-Lasky, desarrollan el sistema para la producción de largometrajes populares que luego fue el sistema de Hollywood. Por poner una fecha estimativa, podría ser que entre el 2030 y el 2040, con suerte, el cine español comenzará a fundar la gran industria de cine que el mundo está esperando y emularemos los comienzos de la gran narrativa mundial, tendremos nuestro David Griffith e inventaremos el gran paradigma del siglo XX: el S de Estudios, solo que un siglo más tarde. Un detalle sin importancia, claro. Cuando uno va a su bola imbuido por los espectros del capitalismo, puede darse esos lujos que posibilita el autismo industrial.
Puede sonar a cachondeo pero es que siguen sucediendo cosas raras en este país entre esta rara atmósfera entre lo viejo y lo nuevo.
Cuando estalló el 15-M decíamos que los jóvenes de una nueva generación habían envejecido de pronto al antiguo país en el que vivíamos.
Pero es que el otro chiste de esta semana que tiene que ver con la cultura pero donde repite alguna gente del cine, es el Manifiesto de los fantasmas, también llamado Una ilusión compartida. Los hechos ocurrieron así: de pronto y de entre una extraña polvareda levantada por el movimiento 15-M, surgieron unos como seres decrépitos que empezaron a balbucear algo así como re-re-funfuñar o refun-dir o refundar creemos que era, la histeria o… la izquierda. No se les entendía bien eso creímos entender.
Estos zombis que los medios definen como artistas e intelectuales del PSOE, que hasta ayer vivían en sus zulos-fans, más algunos jóvenes (no nos referimos a la juventud de su ideología) más otras firmas que parecen equivocadas pero a quienes se les ve la talla sin quererlo, todas parte de la performance esperpéntica. Luego alguien explicó que eran unos tipos que en el antiguo régimen PPSOE se hacían llamar progres y jugaban así a cosas de izquierda y derecha, que te critico y no te critico, que saco una canción y te ironizo y me forro, que monto una peliculita y hago crítica social, que luego hablamos, que pasate por mi despacho, en fin, que se la pasaban bien, vamos.
Y que ante el desconcierto de que el PSOE haya sufrido la crisis neuronal que lo convirtiera en asesino en serie, pues el título del Manifiesto lo dice todo si lo leemos con profundidad “Una desilusión compartida...” que traducido quiere decir: y nuestro chollo ¿dónde va a quedar?
Y tampoco es que nos pongamos en contra de todo, solo que verlos así aparecer, de pronto, tipo cadáveres con buena recaudación a unos cuantos y con un papiro donde escribían cosas como “devolverle a la vida pública el orgullo de su honradez, su legitimidad y su transparencia”, "queremos poner a pensar a la gente"... solo revelan que no se han enterado de que la gente ya piensa y actúa por sí sola, sin necesidad alguna de sus mesianismos de pacotilla.
Pero es que para coronar la semana, el tercer chiste lo recojemos también del ámbito de la Incultura, al ser detenida otra Cúpula, que de Anonymus no tenían ni un pelo sino todo lo contrario, los Teddy Bautista y su banda-sgae-corruption, el brazo forrado del gobierno encargados de gestionar los derechos de autor de los artistas. Entre ellos la recaudación de algunos de los fantasmas del manifiesto Una des-ilusión compartida. En fin. Que debe de haber problemas de reparto y se han empezado a dar hostias entre ellos y a hacer guiños al alzamiento popular para ver si probando, probando alguien les tira un cable en pleno despeñadero.

Terminaremos por aquí pidiendo las disculpas correspondientes por la falta de rigor con la que acabamos el artículo, pero nos traiciona a veces la imaginación desmedida y fantasía cínicamente desbordante... de algunos al punto solo soportable con humor.
Y miren que no es confianza ciega en el Movimiento 15-M cuando hablamos de viejo y nuevo orden ¡qué va!. El 15-M es un cambio cualitativo de conciencia social aún organizándose y así será por largo tiempo. Pero en quien sí tenemos confianza ciega es en el viejo orden del PPSOE cuyo programa obsesivo común tiene una sola cláusula: indignar indefinidamente a la población con su terrorismo económico de estado.

Pero no hay que preocuparse, todo está bien, todo ha empezado a reventar.

domingo, 26 de junio de 2011

15-M. Presencia y representación. ¿Cuándo el cine podría tornarse en verdad política?

Una de las mayores dificultades que nos plantearon distintos realizadores y realizadoras de la comisión de audiovisual del movimiento 15-M para hacer un cine de manera asamblearia, con gente cualquiera, están relacionadas con las técnicas de realización y la forma de organización del cine. Dificultades lógicas si se piensa que tanto el cine industrial como el cine de autor, han sido practicados como oficio durante su primer siglo y casi en su totalidad, en sociedades occidentales, regidas por funcionamientos capitalistas y dentro de democracias representativas donde siempre es una élite la que gestiona los medios de producción, las instituciones y el dinero.
El pensamiento más problemático que suelen expresarnos dice más o menos esto: si ya es tedioso llegar a acuerdos técnicos, narrativos y estéticos entre los profesionales (director, cámaras, guionistas, etc) resultaba impensable trasladar esos procesos de decisión a a niveles de asambleas populares como los que se han presenciado en España a partir del 15 de mayo.
¿Una multitud discutiendo un plano o un punto de cámara? Eso es imposible -nos replicaban-.

Esta semana leíamos la entrevista de Alain Badiou que publicara en su blog de Público Amador Fernández.
Badiou plantea algunos rasgos de lo que entiende como “una verdad política” vinculada a los nuevos estallidos populares que ocurrieron en lo que va del año, incluyendo el español, definiéndola como “el producto organizado de un acontecimiento popular masivo en el cual la intensificación, la contracción y la localización sustituyen a un objeto identitario. Con objeto identitario se refiere a “aquel al que hay que parecerse lo más posible para merecer una cierta atención por parte del Estado”. Algo así como que siempre es el Estado el que nos define en lo que somos, nos categoriza, nos da una identidad para poder realizar su gestión pública y que una “verdad política” aparece cuando emerge una masiva manifestación de personas que se sienten y se definen como otra cosa no categorizable por ese Estado (sus grupos minoritarios de gestión) y estalla, en el caso español, ese ya conocido “no nos representan”.
Aplicado al cine, parece evidente que al plantearnos un cine de naturaleza asamblearia con la gente (no realizadora) se plantea un problema sobre quién decide y quien gestiona la propiedad de las películas que ostentan a representar el imaginario social de grupos y colectividades en general.
Podríamos decir que junto al voto político, o en el voto político, hay una delegación no explícita que deja en manos de los gestores oficiales del cine y de la cultura en general la tarea de crearnos las obras del imaginario audiovisual y cinematográfico: “ahí tienen mi voto y dentro de la gestión pública que les encomendamos, pues ocúpense también del ámbito cultural y la producción de obras cinematográficas que representen nuestro imaginario”.
Cuando se plantean desde el 15-M el rechazo rotundo a este sistema de gestión público, de delegación pasiva y se le comienza a contraponer un asamblearismo ciudadano, es cuando, en palabras de Badiou, aparece una “verdad política”, un “ producto organizado de un acontecimiento popular masivo”.
Nuestros planteos hacia el cine, que quizá hasta este momento parecían encontrarse en el compartimento estanco de nuestra búsqueda como colectivo aislado, vienen a anclarse justo en este cambio cualitativo, ante la aparición de una nueva “verdad política” (acontecimiento masivo) que plantea otras formas de representarse, oponiendo, como dice Badiou, desde otra forma de presentarse. Si el parlamento es una puesta en escena de los representantes del poder que gestionan los asuntos públicos, las asambleas populares se presentan como otra impresionante puesta en escena de ciudadadanos que crean una presencia y buscan re-presentarse de otra manera para lo cual “el movimiento ha tenido que declarar la vacuidad total del fenómeno electoral (“no nos representan”) en nombre de la presentación”, dice Badiou.
Aún con lo sorpresivo que puede haber sido esta “nueva verdad política”, los desafíos que supone en el terreno político y organizativo parecen aceptarse con cierta rapidez. No parece tan fácil de asumir en el terreno de la gestión y producción cultural y ya cuando lo planteamos en el terreno cinematográfico, la primera reacción es la que estamos encontrando, que es sencillamente impensable: ¿una multitud definiendo el guión, cada puesta en escena, cada plano, cada montaje? ¿una multitud mirando los brutos? Es el fin, como llegó a decir algún colega.
Y no deja de haber una parte de verdad: el asamblearismo ciudadano es inasumible para un modelo de cine tal como lo conocemos. Solo que en lugar de volvernos conservadores de este modelo, lo lógico y pacientemente revolucionario es plantearse cambiarlo, hacerlo mutar, hacerlo crujir para que pueda asumir la nueva realidad.
Pongamos el caso utópico de que se lograra un nuevo orden social en la gestión pública bajo el influjo de esta “conciencia (y operativa) colectiva”, ¿qué pasaría si no cambiamos el modelo de producción y gestión del cine? ¿seguiríamos manteniéndolo como un reducto donde la sociedad que gestionaría los diferentes ámbitos de la vida con formas de participación ciudadana, seguiría anclada en los viejos modelos en la gestión cinematográfica? Todo bien pero, ahí no, ahí seguiríamos haciendo las cosas bajo el influjo de minorías y esquemas basados en el culto a la subjetividad individual. Todo porque los paradigmas cinematográficos, industrial y de autor, no se han desarrollado para permitir que una asamblea de gente se ponga a discutir el proceso de producción de una representación fílmica y porque los y las realizadoras tenemos que entrar en conflicto con nuestros propios métodos de producción.
La disyuntiva parece simplicarse en dos posturas: o nos volvemos conservadores (de los modelos vigentes) o nos empezamos a plantear las preguntas “revolucionarias”: ¿cómo imaginar una operativa que practicamos hasta ahora de la manera en que ya la conocemos en una realidad colectiva con funcionamiento asambleario? La decisión es política:¿ queremos que el cine se democratice hasta convertirse en un asunto donde la gente decida sobre las representaciones que surgen de ella y les representan porque nos parece socialmente justo? Sí decimos que sí, la segunda pregunta es clara: entonces ¿cómo diseñamos un modelo de cine donde cada parte de su proceso sea abierta a esa participación y apropiación ciudadana? Y esto para cualquier realizador o realizadora, son cosas muy concretas: ¿cómo hacemos el guión, cómo el montaje, como el visionado, cómo la gestión de los films, cómo hacemos su circulación, cómo gestionamos sus efectos? Etc. etc.
Otros de los miedos que nos han planteado para un cambio de paradigma es la “perdida de un cine de calidad” al democratizar las decisiones con gente que no tiene ni idea de como se hace el cine. Expresamos la duda en el texto de un realizador que nos la hacía en el Facebook una pregunta: ¿Cuales son las bases del cine asambleario? ¿En que consiste? ¿respeta la lógica necesidad de mantener cargos? a mi me encanta el cine como herramienta de lucha, pero el cine con mayusculas, el de calidad es altamente complejo y necesita de diferentes expertos en muchos campos, iluminación, sonido, actoral, lenguaje cinematográfico, músical, etc. de ahi es de donde surgen los diferentes cargos...
Le preguntamos qué era un cine con mayúsculas (porque entendíamos que suponía un cine con minúsculas) y nos respondió: cuando hablo de cine con mayúsculas o de calidad me refiero a que consiga un cierto nivel visual, estético, dramático y técnico con el fin de lanzar uno u otro mensaje ... o por simple gusto estético...
Es significativa esta dificultad porque es común en el ámbito profesional: si no lo hacemos los que sabemos de esto, si lo hacen otros que no saben (o los dejamos compartir las decisiones), pues perdemos efectividad y calidad sobre todo estética, visual, sonora. Para ser más concretos, hablamos de la calidad fotográfica de una imagen buscada por profesionales de la fotografía y la composición de cuadro. Parece asociarse lo popular asambleario (que el panadero se ponga opinar -como decía alguno-) como perjuicio de esa calidad visual. Y hablamos también de la calidad sonora, de la limpieza de la toma hecha por un profesional, de la composición de la música si la hay, del trabajo de ingeniería técnica que siempre supone una película.
Sigue diciendo el compañero: sobre el cine en minúsculas o sin calidad, es una opción pero minoritaria, dicen que "el arte es aquello que acaricia los sentidos" (que cursi XD) para "acariciarlos" o para que el espectador se muestre interesado por lo que esta viendo es necesario contar con su bagaje cultural colectivo, si no es asi sencillamente no gustará, habrá quien haga cine para si mismo o para un pequeño grupo, es una opción, pero en mi caso cuando hablo es para que se me entienda y si es posible que lo haga la mayor parte de la gente que me escucha, pues mejor, cuando me expreso a través de una cámara mi objetivo es el mismo, transmitir una idea, concepto o sensación al mayor número de personas que esten observándola, no confundamos el cine que puede ser entendido y disfrutado por muchos con el cine comercial cuyo único objetivo es la obtención de beneficios.
No cabe duda de que estamos ante argumentos comprensiblemente inmersos en el viejo modelo de producción: productor que realiza películas para llegar a grandes masas de espectadores, que para eso tiene que esforzarse en una “calidad” porque ese sello de calidad parece ser el “cautivador masivo de espectadores”.
Las dificultades narrativas ni las mencionamos porque en nuestra experiencia está más que comprobado que narraciones interesantes hay en todas las cabezas vivientes y que la riqueza de construir una narrativa en debate colectivo, es muchas veces tal que puede superar cualquiera que proceda de la subjetividad de un autor, autora o equipo de profesionales.
Pero los problemas estéticos y de realización técnica, nos parecen que son argumentos de propiedad de un saber que parecen decir, “si no lo hago yo que soy fotógrafo o cámara esto no quedará bien”. Y es claro que es así. El panadero sabe de su oficio mejor que el que no lo es. La clave está en preguntarnos al servicio de quién se pone ese saber. Y vemos que ese saber está al servicio o de un dinero de producción o de colegas profesionales que tienen una peli en la cabeza y la quieren realizar. Pero al servicio de gente cualquiera, grupos, que ni tienen el dinero ni saben los oficios ¿cuántos profesionales encontramos?
Y lo hemos repetido en diferentes ocasiones, no estamos planteando un “voluntariado militante más” que se sume al que la gente altruista hace para apoyan proyectos de colectivos, grupos o barrios que acepten o quieran contarse.
Estamos planteando la necesidad de otro modelo de funcionamiento social de la cultura donde el imaginario común encuentre plataformas y profesionales cercanos cuyas tareas estén pagadas como un oficio más, que debería ser una política de gestión pública y que debería estar al servicio de la imaginación de colectivos cercanos y ¿por qué no? de asambleas populares.
Y si tenemos esas plataformas con profesionales pagados con salarios minimamente dignos, estará claro que “la calidad” estética estará asegurada. Estará al servicio de localidades, de gente que se reúne para elaborar sus narraciones, de rodajes en espacios habituales donde la gente vive, de una ficción social que no es solamente la de los sofisticados y privilegiados sectores minoritarios y profesionales que consiguen un trozito de la torta. Si permanecemos en un modelo donde los medios de producción de la cultura son poco más que un entramado de chanchullos y amiguismos, pues, seguiremos encarcelados en ver si a titulo personal nos suena la flauta con alguna película y si nos preocupa lo social, seguir haciendo caridad cinematográfica en los tiempos libres.
Cerramos con otro texto de Badiou refiriéndose al caso español: la posibilidad de una verdad política por un lado y la perpetuación del régimen representativo por otro se produce en una suerte de teatralidad ... de una manera a la vez simultánea y separada. Es una síntesis disyuntiva de dos escenas teatrales.
Sin duda que se trata de la vieja teatralidad de la política institucional y la nueva teatralidad de movimiento asambleario que ha desbordado las plazas.
Se lo aplicamos al cine y vemos: por un lado el escenario del viejo modelo cinematográfico de exclusión permanente de la gente en la producción de su imaginario. Minoritario, vertical y que excluye incluso a muchos jóvenes que estamos conociendo, altamente preparados para la realización y con ganas enormes de trabajar pero que no encuentran ámbito de integración con el trabajo que saben. El otro escenario, el del futuro, incipiente, horizontal, presente, asambleario, donde su modelo de cine está por hacerse y donde tenemos el deber de soñar con un paradigma diferente que acompañe los nuevos procesos que se han abierto. Nosotros llevamos tiempo en el escenario del futuro. Habrá que seguir trabajando para rompernos la imaginación acorralada por las viejas formas de concebir y producir el cine. Y si se acrecientan las resistencias para un cambio de modelo, pues habrá que romperles las puertas de su vieja teatralidad a patadas. Por ahora somos propositivos probando las armas de los argumentos y la seguridad que da el trabajo en terreno. Todo está bien, todo está cambiando, las calles están ocupadas. Habrá que ir ocupando las instituciones, que también son nuestras.

domingo, 19 de junio de 2011

Movimiento 15-M. Contrapoder: la cámara anónima contra la cámara capitalista. El cine asambleario como horizonte.

Esta semana hemos presenciado cómo el movimiento 15-M ha desplazado su potencia hacia la acción directa. Acercamiento hacia la zona caliente del poder real.
Luego de ocupar el espacio público que ha permitido el encuentro y la organización, lo que sigue es una reconducción de esa energía, y un desplazamiento físico hacia el sitio donde operan los responsables políticos del gran desahucio popular en que se ha convertido la democracia capitalista española.
En un país tan afín a los encierros de toros, todos y todas sabemos el peligro que conlleva desesperar a estos animales cuando la multitud los persigue para conducirlos a la plaza. Puede haber algún herido.
El encierro de esos toros parlamentarios que estaban tan tranquilos alimentándose a gusto, ha provocado los primeros incidentes violentos, ya no entre la población del 15-M y la policía, sino entre infiltrados y policías.
La España capitalista, conforme con el presente que ha diseñado, sigue en su planeta mientras la España insurreccional crece.
Cada una de estas dos Españas tiene un enfoque de cámara, un relato sobre los acontecimientos.
La cámara de la España capitalista nos tiene acostumbrado a la visión panorámica, externa, impasible con la que retrata los acontecimientos. Una manifestación donde estallaba algún brote de violencia tenía una narración: manifestación violenta que acabó con enfrentamientos entre los manifestantes y la policía. Los medios daban el parte y obviamente se acababa el tema cuando aparecían las imágenes como prueba. Estas se fabricaban para ilustrar el punto subjetivo del poder representado en sus medios corporativos. La masa social espectadora podía o no creer lo visto y oído pero ahí quedaba el relato y la imagen como constancia de los hechos. El espectador no cambiaba su condición de espectador sin más, aunque estuviera contemplando la imagen de unos hechos en los que podía haber participado.
Este estado habitual de las cosas en el que veníamos envueltos, entró en desactivación.
En el siglo de la cámara inmersa, como hemos dicho en muchas ocasiones, esa cámara metida en la multitud, en manos de la gente, conviviendo con ella, naturalizándose a pie de calle, parece haber alcanzado en este último mes, en un amplio sector de jóvenes españoles, su madurez política, al convertirse en una cámara capaz de desactivar el cinismo de la cámara capitalista y sus relatos de poder.
En los episodios de Barcelona, la cámara capitalista buscó dar en el blanco del movimiento en uno de sus más desconcertantes fortalezas: el pacifismo. Rapidamente vimos como los portavoces de diferentes programas pretendían sentenciar infantilmente el carácter violento de este alzamiento popular: ah, ya está claro, ¡son violentos! He aquí la evidencia. Mirad nuestras imágenes.
La patética manipulación por parte de Telemadrid fue otro grotesco caso de manipulación. Directamente, la televisión madrileña quiso largarse al cuello del movimiento poniendo en una sucesión de imágenes su axioma: dicen que son pacifistas, miren (imágenes de violencia entre unos manifestantes y agentes de la policía), ¿han visto? Pues queda demostrado que no lo son. Fin del cuento.
La desactivación de ambos relatos no se hizo esperar. Las cámaras anónimas crearon otro relato que delataba el micro acontecer dentro de la manifestación escribiendo la narración alternativa: miren, fueron un grupo de infiltrados, aquí los tienen, el 15-M es pacifista, ustedes han manipulado. Restitución del relato insurreccional.
Para el caso del cínismo de Telemadrid, bastó el ojo observador de esos operarios anónimos: la imagen que se ofreció de prueba era de una manifestación griega. No hay prueba de violencia. Restitución del relato insurreccional.
Si parece de chiste.
Estos son solo dos ejemplos de los muchos que se han dado y operan permanentemente en el nuevo panorama político español.
La quinta semana acaba con un fortalecimiento del movimiento en unas multitudinarias marchas pacíficas que se saldaron sin ningún incidente violento.
Mucho queda por andar. Esta guerra de imágenes, guerra por el control del imaginario social, no ha hecho más que empezar. Y será desgastante y amenazante para el movimiento.
No hay que olvidar los hechos que sí importan: el parlamento catalán aprobó los recortes que originaron las concentraciones y la clase política sigue en su sarcástica sordera e indiferencia instalada en sus mismos asientos.
Esta semana, como colectivo de Cine sin Autor, tuvimos oportunidad de plantearnos junto a otros realizadores y realizadoras que trabajan en la Comisión de Audiovisual del movimiento, una primer reunión de debate sobre la viabilidad de un cine de naturaleza asamblearia que a la luz del espíritu de un movimiento que pretende remover las estructuras del modelo político, pudiera desactivar también el modelo de producción audiovisual y cinematográfico.
Expusimos algunas de nuestras operativas como arranque para dicho debate y la primera reacción fue de resistencia por parte de varios y varias compañeras con experiencia en la producción de audiovisual y el cine. Consideraban inviable, impensable e incluso hasta irritante, la posibilidad de un asamblearismo popular en la producción.
Un largo y enriquecedor debate fue lentamente venciendo las resistencias iniciales para dar paso a la posibilidad de un cambio radical en los paradigmas de producción, que llevarían a un replanteamiento de todo el sistema que sostiene nuestras actuales maneras de hacer audiovisual y cine. Pero cuesta mucho hacerse a la idea de un modelo diferente al que nos acostumbrado.
Mucho nos queda por andar, como decíamos. Y si bien hacemos notar que la cámara insurreccional y anónima del movimiento comienza a erigirse en un incipiente contrapoder frente a la cámara del capitalismo español y sus relatos, sabemos que el sistema mediático de información sigue gozando de espléndida salud y seguirá tan autoritario como siempre, sostenido por sus inversores. La batalla será larga y tendrá diferentes etapas.
Y si bien, nos hemos embarcado en las aguas de un movimiento ciudadano que pretende remover los cimientos de una democracia capitalista, mucho debemos removernos todos y todas para cambiar profundamente los paradigmas que tenemos metido como el único funcionamiento posible.
En eso estamos. Lentamente desactivando y desactivándonos de las viejas formas para abrirnos a los nuevos horizontes que nosotros mismos tenemos la responsabilidad política de construir. No hay que tener miedo a imaginarnos completamente diferentes a lo que veníamos siendo, porque es contra lo que veníamos siendo contra lo que nos estamos rebelando. Tener sueños es siempre más fácil que tener el rigor, la disciplina autocrítica y la insistencia de materializarlos. No es momento para las tibiezas. Si nos planteamos un cambio, por lo menos no nos privemos de imaginarlo como una ruptura total del modelo vigente. Es la única manera de pensar en un paradigma acorde al estallido social que nos atraviesa.